Mis columnas
Mis columnas no son de obligada lectura ni objeto de debate. Esta web no es un foro. No se recogen reclamaciones ni se tienen en cuenta opiniones que atenten contra la libertad de expresión. Muchísimas gracias a quienes simplemente disfrutan de las imágenes y la lectura. Aquí les dejo una selección que he hecho con las que más han gustado. © Copyright 2008-2010 Té con Gofio www.tecongofio.com |
Lunes 5 de abril de 2010 ALGUNAS DECISIONES: Después de unas ocho mudanzas en menos de cuatro años, y haberlas repartido a lo largo y ancho de seis municipios diferentes, he tomado algunas decisiones y llegado a algunas conclusiones. Odio el gotelé con todas mis fuerzas y cualquier cosa que pertenezca a la misma familia. No sólo es feo y frío, sino irreversible, a no ser que estés dispuesto a vender un riñón para acabar con él. Las paredes tienen que ser lisas y blancas, aunque se acepta un lado en color chocolate, gris, teja o vino. Ni en sueños podrán ir pintadas con la versión más fluorescente de los colores verde, naranja, amarillo, azul o violeta. De intentar darles un toque de brochazo rústico, olvídate, eso pasó de moda hace unos quince años. De la misma década prodigiosa son los colores pastel. El número de amigos ocupados en los días de mudanza es directamente proporcional a la ayuda que necesites. Ten siempre a mano una linterna y velas. Estar sola de noche y quedarte sin luz puede ser la experiencia con menos gracia del mundo. Como detalle importante, cerciorarse de que para la primera disponemos de pilas, y para las segundas de algo para encenderlas (sea mechero o fósforos). Nunca vivas a más de dos kilómetros del trabajo, de la biblioteca, del gimnasio o del parque. Si no quieres que el estrés te coma, siempre debes poder ir a pie a, al menos, uno de tus lugares habituales. Aparte de eso, tampoco olvides que bajo ningún concepto pueden faltar a pocos metros un cajacanarias, un horno de pan, un mercadona, un Todo a 150, un sitio donde poner el euromillón y un bar donde hagan buenos bocatas y vendan golosinas. Si no hay un Todo a 150, también vale un bazar chino. Obligado que haya cerca un buen servicio de guaguas o una parada del tranvía. Es indispensable tener terraza y/o patio muy amplio. Nunca se sabe cuándo te pueden caer dos perros del cielo. Si te estás dejando la piel para poder ser independiente y para pagar tu alquiler, no duermas más de dos noches seguidas en casa de tu novio. A ojos de sus amistades más atravesadas quedarás como que, desde que lo conociste, lo primero que hiciste fue meterte en su casa. Por lo tanto, ya que te estás endeudando para pagarlo, por lo menos amortízalo y que te luzca. Por mucho que todo lo eléctrico sea más bonito, limpio y moderno, es recomendable tener algo que funcione a gas. No sólo las facturas de la luz pueden ser desorbitadas, sino que, cuando llegue un temporal, no podrás ni comer, ni bañarte. Si no, al menos ten siempre una butsir arrinconada (llena), que no ocupa mucho y puede resolver bastante (gracias, papi). Si vas a vivir de alquiler, lee una y mil veces el contrato. No te sientas intimidado por el arrendador o el administrador cuando te dé un boli con el que marca en cruz dónde debes firmar con los ojos cerrados. Que no te dé corte dejarlo sobre la mesa y tomarte tus quince minutos para leer y releer, sin nervios, y confirmar que todo es normal. No creas al casero cuando te jura que no hay nada extraño. Los contratos son para leerlos, así que no es ofensivo hacerlo detenidamente. Nunca lo firmes si alguna cláusula expone que, si te vas antes de tiempo, debes abonar el año completo de alquiler o que, si aparece cualquier avería, corre a cuenta del inquilino. Los contratos estándar de arrendamiento son de un folio y medio por delante, así que si ocupa más de eso, piensa mal (gracias, hermana pequeña). Vivir en el piso bajo es la peor opción. Piensa que absolutamente todos los vecinos pasarán por delante de tu puerta. Unos corriendo como elefantes, otros gritando, otros tocando tu timbre pensando que es la luz... Te sabrás los horarios de trabajo y colegio de cada uno. Te enterarás de cuántas veces abren su buzón, de si les falta la tapa al tacón, del último mueble que se compraron o de la hora a la que vuelven de fiesta. ¿Y cuál es el mejor momento para cambiarle el tono al móvil?, ¡pues entrando por el portón! Otro inconveniente de vivir en el piso que está a ras del suelo es que, cuando alguien va a visitarte, nunca toca el timbre, sino directamente la ventana, lo cual conlleva que te verán la cara inmediatamente y tendrás que fingir el disgusto (cosa que no pasa con el auricular). Tampoco puedes disimular y decir después que no estabas en casa, más que nada porque te están viendo sentada frente al ordenador. Queda terminantemente prohibido tener patio interior. Nunca olvides que hay personas que disfrutan más oyéndose a sí mismas que con cualquier otra cosa, y los patios interiores son sus auditorios favoritos. Si no te gusta que te visiten, dilo claro. Haz que tu gente te conozca por “la chica que odia las visitas”. No se es mejor persona porque te guste ejercer en tu casa la profesión frustrada de relaciones públicas (gracias, gran hermano). Ni se te ocurra domiciliar a tu cuenta corriente las facturas del agua y la luz. Cuando te vayas del piso, el dueño siempre tardará un tiempo volver a ponerlas a su nombre. Tú eres quien debe tener su número de cuenta para hacer cada mes los ingresos necesarios, nunca al contrario. Piénsatelo dos veces si el piso que vas a alquilar es con vistas a la plaza del pueblo. Hazlo sabiendo que un fin de semana viene la orquesta, al otro montan un rastro, al otro un parque hinchable, al otro son las elecciones y al siguiente vuelve la orquesta. Y si crees que entre semana te libras, te equivocas, porque durante esos cinco días lo están montando todo y anunciándolo por unos megáfonos que colgaron a medio metro de tu ventana. Los limpia-placitas se comunican a gritos y empiezan su trabajo a las cinco de la mañana, así que no digo más. Yo aviso. Fuera la cafetera. Guárdala en una caja, tírala o regálasela a alguien, pero nunca tengas una en casa. Si tienes una habitación libre, nunca, bajo ningún concepto, se lo hagas saber a nadie. A cada persona que conozcas se le ocurrirán un millón de formas de aprovecharla, y pensará que es ideal para ella. Colgar cuadros y espejos en el piso da un toque especial, mucha luz y más sensación de hogar. Cuélgalos por donde te dé la gana, todos los que te apetezcan. Que no te dé pena taladrar las paredes. Cuando dejes el piso, no lo entregues mejor de lo que te lo dieron. No vas a ir al cielo por eso, y además el casero no te va a agradecer que te hayas dejado los huesos. Quince viajes ida y vuelta desde el sur al norte, con el coche lleno de maletas, cajas y bolsas, nunca saldrá más barato que alquilar un furgón una hora. Para la novena, ya he aprendido... © 2008-2010 www.tecongofio.com Lunes 7 de diciembre de 2009 Se me olvidó decirte El otro día entré corriendo, recogí mis cosas demasiado rápido y encima tú estabas trabajando, así que por todo eso no pude despedirme. Pensé en dejarte una nota en tu preciosa cocina recién reformada o en la mesa del ordenador, pero no tenía ni papel, ni boli, ni cabeza. Pensé en dejarte un ramo de tulipanes con una caja de bombones como aquellos que tenían escrito “canjeables por un postre de galleta”, pero sólo me quedaban un par de euros para la semana. Pensé en cubrir las paredes de toda tu casa con unos rollos de papel que tuvieran grabada mil veces la palabra gracias, pero no los venden en ningún sitio, y de todas formas no los podría haber comprado porque sólo me quedaban un par de euros para la semana. Pensé en adornarte la casa con un toque navideño, con un arbolito, con un Papa Nöel, con un mantelito de abetos, con nieve artificial en las ventanas o con unas velitas doradas, pero no me dejaban entrar a ikea con los perros y además, sólo me quedaban un par de euros para la semana. Pensé en ponerte una alfombra roja desde tu coche hasta el ático C, pero la rubia que limpia la escalera estaba fregando y otra vez no me dejó subir. Estos días atrás nos mandamos algún e-mail y sms para ver cómo nos va todo por separado, pero se me olvidó decirte algo: Se me olvidó decirte que nos salvaste la vida cuando, quienes debían, ni siquiera hicieron el amago porque tenían un montón de cosas que hacer en el facebook o en la barra de un bar. Que fuiste el único que me ofreció ayuda y me la dio, aquí y ahora, cuando la necesité a muerte, y no al mes siguiente o nunca. Llegar tarde o no llegar no iba contigo. Se me olvidó decirte que eres el hombre con los pies más bonitos que he visto en la vida. Después de los de mi padre y de los de Miguel, pensé que nunca encontraría otros con tanta simetría, cada dedo con el tamaño que tiene que tener y siguiendo una línea lógica que no sé por qué es tan difícil de encontrar. Una chorrada que se me ha metido en la cabeza desde niña hace que no consiga mirar con los mismos ojos a las personas que tienen algún dedo más grande que el gordo. Se me olvidó decirte que cada vez que entraba al baño mi primera mirada iba directa a la colonia de Nenuco que estaba en la ducha. Me pregunto si era de alguien que se la dejó olvidada o de si ése era el secreto del cóctel de olorcitos que se colaba por debajo de mi puerta todas las mañanas y que era la única pista que me dabas de que estabas ahí. Ni una pisada, ni el ruido de una bisagra, de un vaso, de tus llaves. ¿Acaso te dije cuando te conocí que me obsesiona el silencio, o es que lo adivinaste? Se me olvidó decirte que noviembre acaba de ser nombrado el mes de quienes creemos en la amistad entre un hombre y una mujer. Ahora me toca convencer a mucha gente de que todo lo que vino de ti fue de forma altruista, y de que no te pagaba mi alojamiento con favores sexuales. Pero de desmentirlo ya me encargo yo poco a poco. Se me olvidó decirte que todo fue perfecto. Que siento dejar las luces encendidas y todo perdido de pelos, las cucharas negras por el té, la fregona oliendo a meados y pasar de tu costumbre de quitarse los zapatos al entrar. Que echo de menos tus pintas de andar por casa, a Jose Mauricio, la pirámide de incienso gastada, las aceitunas para picar y hasta al rubiales de tu serie favorita. Se me olvidó decirte gracias... © 2008-2010 www.tecongofio.com Sábado 19 de septiembre de 2009 De ciudad Y ahí estaba yo, sobre mi silla destartalada, pensando en mí, pensando en ti. Encogida, copiando el balanceo de un loco, hacia adelante, hacia atrás, rodeada de polvo, de injusticias. Rodeada de los interminables porqués a los que me castigaron con no descifrar jamás. Escuchando mi carpeta de "música para entristecer a los tristes ", buscando la canción vencedora a la más nostálgica del año. Mal peinada y medio vestida, me abrazo y aprieto hasta hacerme lo más pequeña posible. Acompañada de todos esos sueños cogidos con hilos. De todos esos planes pospuestos para nunca. De tanto amor entregado para nada. De repente aquel ruido me sobresaltó y me devolvió a la realidad. Un sonido de algo cayendo, ¿como de agua cayendo? Despacio me puse en pie y respiré menos para escuchar mejor, y corrí todo lo que me dejaron las puertas, los muebles y el pasillo. Asustada y contenta, choqué contra el balcón y paré. Lentamente, adelanté una mano y después la otra. Cerré los ojos sin dejar de sonreír, deseando que fuera ella... y empezaron a empaparse mis manos, que no dejaban de moverse, como si quisieran coger las gotas y guardar un poco para luego, para cuando pare. No la vi, pero la sentí. Llovía de verdad. Era lluvia fría, de la buena, de la que moja, de la que es para más y más lluvia, de la que sabes que no va a parar en mucho tiempo. Era la lluvia que estaba deseando, la que huele a castañas y sabe a chocolate. Quise ponerme mi abrigo de paño azul marino y enrollarme mi bufanda salmón que aprieto hasta casi incomodar. Quise abrir la puerta y salir como una loca, y recorrer con mis botas las calles de la ciudad como sólo lo hacemos los adelantados, sin paraguas. Y saborear la humedad entre mis labios, y que la lluvia rociara mi pelo y le devolviera sus ondas. Quise pedirte que tocaras mi nariz y mis orejas, para que vieras que era verdad que estaban heladas. Quise sentarme en cualquier cafetería, en la primera de muchas que me solía encontrar en el camino, y tomarme un té caliente de canela, de colores o de frutas, mientras observarla caer a través de la ventana era como volver a ver mi película favorita. Quise pasear sobre los adoquines y tener que saltar charcos para poder entrar a las acojedoras y antiguas tiendas de la ciudad, de piedra, de madera, con aroma a incienso, con ese aire colonial. Pero la realidad me frenó y de un empujón me sentó. Todo el mundo se había ido. Este año abrí la puerta y no vi a nadie, sólo vi tierra y más tierra, coches, asfalto y demasiados kilómetros. Sólo olía a gasolina, a basura. Y ahí estaba yo, sobre mi silla destartalada, pensando en mí, pensando en ti... © 2008-2010 www.tecongofio.com Sábado 30 de mayo de 2009 Estirado Qué ha cambiado para que una alergia a las mascotas que me da que yo misma inventé choque tanto con mi río de lágrimas, sin control, cada madrugada de este mes, porque no lo tengo a él. Qué ha pasado, que por él en mi almohada ya han quedado dibujadas más de cien gaviotitas negras. Qué ha cambiado, que antes yo no entendía nada sobre este cariño hacia ellos, y ahora soy yo la que se siente incomprendida. Qué ha pasado, que mis ojos se vuelven agua con tan sólo escuchar su nombre. Pero qué más da, si sólo es un perro... No soy exagerada. No estoy obsesionada. No lo echo de menos como quien echa de menos a un familiar de Venezuela sólo porque es el que más lejos está, ni tampoco encajo con el perfil de mujer que necesite cuidar de un perro traumatizado para sentirse completa. En un planeta cada vez más seco y que hace propaganda de corazones fríos, hay que estar continuamente recordando al mundo que amar mucho y entregarse no camufla un trauma infantil, un complejo que podemos analizar ahora mismo con un par de preguntas cortas, o una carencia de algo. No se crean esta publicidad engañosa, y sigan queriendo con locura. No se dejen convencer por los humanos de sangre granizada, porque tiene truco. Y es que lo quise desde que lo vi. Aunque era el más menudo, para mí destacaba entre los treinta grandotes. Yo lo vi fluorescente, en medio de un montón de color blanco. Su mundo empezó siendo un diminuto metro cuadrado, pero cuando se dio cuenta de lo inmenso que era, se convirtió en el primer perro que aprendió a dar las gracias. Tardó casi dos años en recibir su primera caricia, y desde que la descubrió no paró de reclamar con su cuerpo más y más, como si a partir de ahora ya no pudiera continuar sin ellas. Todas eran pocas, y esperar hasta por la mañana para repetir era demasiado tiempo. No tenía prisa por comer, sino por querer. Nació en Hungría, se cree que en junio de hace dos años, y hasta hace nada en su cartilla de vacunación el espacio de su nombre seguía en blanco. Por lo visto, pasó su primer año de vida en una tienda de animales en Tenerife, donde perfeccionó la técnica para caminar haciendo los ochos más correctos y más cortos del mundo. Su pírdula era cualquier espacio que formara 90 grados, y la pedía a cada momento. Cuando los demás perros sólo necesitaban hablar para parecer humanos, a él ni eso le faltaba. Tiri me miraba con sus ojitos almendrados y me pedía que lo acariciara, que lo besara, que lo protegiera, que no dejara que le hicieran daño, que no lo volviera a abandonar. Quería ser el favorito, y lo intentaba con empujones a todas horas. No me tranquiliza que me juren que estás bien donde estás, porque sé que estar bien tiene niveles. Tampoco me tranquiliza que ni hayas notado que me fui, y que creas que soy yo cualquiera que ahora te coge en brazos y te mima, aunque te preguntes, y nadie te responda, que por qué no tienen mi olor y por qué no entienden tu idioma. Pensé que los perros también tenían prohibida la entrada en los sueños, pero soy feliz porque anoche saliste en los míos...
© 2008-2010 www.tecongofio.com Miércoles 24 de diciembre de 2008 La Casa del Cura Mezcla de un montón de olores, a madera, a viejo, a frío, a tranquilidad. Mezcla de un montón de agradables sonidos, del crujir de esa madera, de la gravilla contra nuestro calzado que pisa, de las campanas, del ladrido de un solo perro y de la lluvia, esa canción número siete del CD de la banda sonora original de mi vida. Por fin llegamos, por fin un dulce hogar. La primera vez que la vi, lo primero que se me pasó por la cabeza fue cambiar el blanco de la fachada y el verde de las ventanas, pero el efecto placebo nada más abrir la puerta de la entrada me convencieron de que ésos debían ser los colores, y no otros. Acababa de descubrir el mejor ansiolítico y con un único efecto secundario: ganas de volver. Desorden de maletas, de bolsos y de bolsas. De sábanas perfectamente planchadas y después perfectamente dobladas, como si alguien supiera que ya llegábamos y las hubiese preparado con mucho amor y almidón. Enseguida distribuidas, un par en cada habitación, como si tuviéramos prisa. Aunque tal vez la teníamos, prisa por convertirlo en el que fue nuestro hogar durante más o menos siete días. Vinimos en busca de paz, y la necesitábamos ya. Orden de camas, de ropa doblada y colgada, de abundante comida. Una chimenea nos concentra a los cuatro en nada más que un par de metros de tantos que hay en La Casa del Cura. No sabemos por qué ese nombre, pero así es mejor y cada uno puede poner a prueba su imaginación e inventar cuatro historias diferentes. Hablamos, reímos un poco y con Pedro de fondo nos dejamos dormir. Da igual la hora, nadie ha quedado con nadie y nadie llega tarde a ningún lado. Estamos a oscuras, y la tenue luz naranja intermitente en nuestras caras se encarga de no descubrir quién sonríe y quién llora. Ése era el plan, ése fue el pacto que acordamos en silencio los cuatro. Nos unen las llamas y esa música que después de muchos años siento que mágicamente vuelve a salir a través de las paredes. A ninguno nos importa ni el mes ni el día, para todos hoy es miércoles y mañana jueves, un día cualquiera seguido de otro muy parecido. No sabemos si es verano o invierno, así que el menú puede ser croquetas con ensaladilla, y no pasar nada. Un vasito de vino tinto para cada uno, y viva la virgen, ¡viva! Aquí mi piel se vuelve más suave, como si este lugar fuera el extracto de caviar de la mejor marca de cosméticos. Las tres escasas horas de descanso aquí se convierten en diez generosas, y las ganas de vomitar se transforman en hambre de lo que sea a todas horas. Pocas veces he tenido paciencia para comer mandarinas, pero en la Casa del Cura sí las pruebo y saboreo, y me saben a ella, a Gloria, como los dos tipos de tartas de manzana que trajo de los cuatro que sabe hacer, o las croquetas de espinacas, o el rooibos que me sirve adivinando con acierto que justo ahora me apetece algo así de calentito. Muchas veces la manzanilla me hizo vomitar, pero en la Casa del Cura la necesito ardiendo, con anís y mucha azúcar al menos dos veces al día. Pedro sigue sustituyendo lo mejor que puede a Silvio, y nuestras cámaras de fotos y vídeo tienen la fijación de no perderse nada. Helena, Mac y Shiseido disfrutan de siete días de asuntos propios en mi neceser y mi cara luce como sólo lo hace cada vez que vengo aquí. Únicamente los móviles nos distraen de esta paz y nos recuerdan que fuera hay vida humana. Decenas de mensajes en cadena me dicen que decenas de personas no me conocen, y no estoy segura de si eso me entristece, o ya me da igual. Acabo de darme cuenta de que me da igual... La pareja salió a dar una vuelta en bici y mi hermana está tan feliz que limpia el coche sin importarle que es bajo la lluvia. Yo sigo con mi dieta de la tranquilidad y me como un codito de serrano con mantequilla mientras intento escribir algo, leo los libros que me alquilaste y repaso sonriendo algunos de tus mensajes. Veinte años después me vuelven a despertar Las mañanitas que cantaba el Rey David, pero esta vez no lo hace mi padre sino mi hermana, sin poder aguantar la risa y justo debajo de mi ventana verde, dando la sensación de que desde hace años no hacía algo tan divertido, consiguiendo tatuarme una sonrisa que me duró horas. Desde el salón huelo a ajo frito, y eso sólo significa que Gloria está cerca haciendo de las suyas. Acaba de preparar el único arroz blanco del mundo que sabe mejor si se come solo que con salsas o con especias. Ella dice que la receta es sólo arroz y ajo, pero yo sé que le añade un ingrediente invisible que cuesta millones. Esta tarde tocó ir en busca del único rincón con sol, y de camino vuelve a aparecer la magia de las paredes, y nos dieron las diez y las once, y sé que Ella otra vez está cerca... Aquí el tiempo pasa diferente, no sé si más lento o más rápido, pero diferente. No sabemos si algo nos pasó esta mañana, ayer, o el día que llegamos. Al mundo real nos llevamos un montón de imágenes, como la de aquellos dos niños jugando en el agua helada y corriendo sobre unas piedras por las que a nosotros nos costaba caminar, la de aquella niña de las ramblas con el pelo lacio y rubio montada en una bici que le quedaba grande, la del lagarto sobre la silla de mimbre dándonos la bienvenida, la de la espectacular bodega con su correspondiente intenso olor a vino o la de aquel pequeño pueblito solitario, mudo y frío, como de peli de terror. Sin avisar vuelven el calor y el frío extremos que no dejan en paz a mi estómago y a mi cabeza, y la presión sale de color rojo por ocho dedos de mis manos. Mezcla de un montón de pensamientos que se van y vuelven a una velocidad que no puedo controlar. De las importantes llamadas que ya no hay forma de posponer una semana más, de qué hacer con ese escandaloso piso que me está volviendo loca, de los papeles que se pierden solos y siguen consumiendo la mitad de mi día y de mis energías, del paracetamol y el omeprazol, del sueño irregular, de tus suaves besos al mismo tiempo que cierras los ojos y sonríes dándome esa tranquilidad que tanto necesitaba, de los médicos que no curan, del taconeo de mis monstruosas vecinas de arriba y de cuando me abrazaste por primera vez mientras esperábamos en la calle del Rocío a que se pasara un poco la lluvia. Mezcla de un montón de buenas vibraciones, de buenas sensaciones, de buenos presentimientos. Cambios, sorpresas, páginas amarillas que pasan... y tú. © 2008-2010 www.tecongofio.com Jueves 27 de noviembre 2008 De cinco en cinco Que no me preocupe la vejez no quita que no me esté dando cuenta de que a partir de una edad parezca que los años pasan de cinco en cinco. No soy la única que piensa que antes alguien de 21 años era un señor y que ahora alguien de 40 es un chico de 40 años. Antes era de risa que te gustara alguien con canas, y ahora es imposible mantener cualquier tipo de relación de fundamento con uno que no tenga al menos unas cuantas. Parece que fue ayer cuando jugaba con mis hermanas en la calle de atrás y mirábamos a mi madre con asombro sin saber por qué se cabreaba tanto cada vez que nosotras discutíamos a cuál de las tres le tocaba metérsela al elástico o cuál se la había metido la última. Qué complicado debe ser pasar por este tipo de situaciones y saber explicárselas a unas niñas sin levantar sospechas de tipo sexual. Ella siempre sopeteándonos a besos como si todos le supieran a poco y convenciéndonos para que nunca nos cortáramos el pelo. Nos defendía con su vida como una leona, ante todo y ante todos. Todavía lo sigue haciendo, y eso me hace dormir cada noche mucho más tranquila y me hace reflexionar sobre por qué tantas personas se avergüenzan de ellas y no, por ejemplo, de algunos amigos o de ellos mismos. En esa misma calle de atrás jugábamos al brilé, al escondite, al teje o a la cogidita, con Sandra, con David, con Patricia, con Damasito, con Mary, con Tony... Nos hicimos expertas en hacer el pino normal, el pino puente o el sandwich. Todos éramos pobres, estábamos mal vestidos y despelujados, pero no nos dimos cuenta hasta que vimos las fotos veinte años después. Cuando llegaban las fiestas del barrio nos pasábamos horas poniendo banderitas por toda la calle, uniéndolas con pegamento que nosotros mismos habíamos fabricado. Tocabas cualquier esquina, ésa era tu casita, y ya estabas salvado. El estanco fue nuestro refugio y el de muchos, y dábamos celos al enemigo repartiendo regalías a los de nuestro equipo. Parece que fue ayer cuando me quedé en shock varias semanas después de enterarme mediante un folleto sobre higiene femenina de que las mujeres tenían un agujero cerca de lo de la pis, por el que se introducían los tampax en vertical y no en horizontal (desde adelante hacia atrás), como yo ingenuamente siempre había creído. Hace unas semanas sentí un gran alivio al confesarme varias mujeres que ellas de niña pensaban exactamente lo mismo. Parece que fue ayer cuando salíamos a pasear en el coche y yo convencía siempre a mi padre para llevar yo el volante por él. Eso, más una tarde en casa de alguna de las abuelas, jugar a las tinieblas con Víctor y Belén, cortar la hierba del solar o ir al monte con la familia, eran los planes de la vida. El despertador en casa siempre fue mi padre poniendo algún vinilo de Michael Jackson, de Tina Turner, de José Vélez, Chiquetete o Los Sabandeños. Con este gusto ecléctico, nos levantábamos las tres animadas, chiquitas y flaquitas, cantando y bailando. Él se encargaba de peinarnos perfectamente, nos cortaba rentitas las uñas, nos llevaba a todos lados con él, nos recogía en el colegio puntual y nos enseñó rapidísimo a montar en bici. Su letra es de las más bonitas que he visto nunca, y le brillan los ojos nada más vernos entrar. A pesar de no estar muy sobrados, a ninguno de los dos les importó nunca endeudarse un año entero para que los sillones de cebra estuvieran siempre repletos de regalos cada 6 de enero. Parece que fue ayer cuando a la familia le aterrorizaba pensar que mi primo Óliver se quedaría así de hiperactivo toda la vida, o cuando Míchel y Jonathan dormían juntos en una cama al par de semanas de nacer. Uno negro y rechonchito, el otro blanquito y menudo, como si estuvieran listos para un anuncio de Benetton. Alfonsito fue el último de nuestra quinta, y heredó un especial encanto que no tenemos ninguno de la familia y que ahora ya sólo le pertenece él. Parece que fue ayer cuando el ser hij@ del hijo varón era pecado y se pagaba teniendo que presenciar desconsolados cómo los otros primos sí tenían regalos de reyes y nosotros seis no, año tras año. Creo que fueron ese tipo de experiencias las que nos unieron tanto. Parece que fue ayer cuando supliqué en varias ocasiones a Sor Etelvina que necesitaba ir al baño con urgencia y, al negármelo todas las veces, me hice caca encima. Llorando y avergonzada, al terminar la clase, nos fuimos yo y mi abultado trasero con mi chandal rosa de Nueva York-París hacia el coche de mis padres. Tardé años en olvidar la humillación, pero nunca la anécdota. Parece que fue ayer cuando llegué nueva al cole y, entrando a mi clase de 2º de EGB, me paró alguien para decirme que estaba equivocada, que preescolar era en la planta de abajo. Unos centímetros y unos kilos de menos me perpetuaron a ser la primera de la fila y a vivir con las risas y burlas de las más grandullonas. Los veranos eran tan largos, que al empezar las clases en septiembre las compañeras eran casi extrañas y tardabas días en volver a coger la confianza de meses atrás. Parece que fue ayer cuando entró en nuestras vidas Estefanía, con días de nacida, diminuta, blanquita, con su pelo negro de punta y con un olor que me enganchó a ella de por vida y que aún conserva. Yo presencié cómo se le cayó el cordón umbilical y la dormí durante años tarareando la misma canción... Eduardo se parecía a ella en los cachetes, pero salió rubio y guasón. Con sólo unas horas de vida lo vi en su cuna del hospital, tan bonito, tan chiquito. Su corazón latía tan fuerte que nos asustó, pero al final sólo resultaron ser excesivas ganas de vivir. Y aunque sólo fue por una ausencia de última hora, me alegré de haber terminado siendo yo su madrina. Parece que fue ayer cuando nos hacíamos trencitas en todo el pelo húmedo y al día siguiente nos lo soltábamos para parecer estrellas de rock. Poníamos "Europe" a tope e imitábamos su baile con las melenas de arriba a abajo, con todas nuestras fuerzas, chillando "Its de fainal chaun-chan" con nuestro particular inglés . Las tres siempre unidas y siempre vestidas iguales. Las tres riendo y llorando juntas. Vacaciones repetidas y paseos por La Laguna, El Retiro, El Museo del Jamón, Ten-Bel. En los carnavales siempre vestidas de payaso, de drácula, de bruja, de "miusijol", de bebé. Cada año un disfraz nuevo. Nos montaban en los cochitos del Cristo, y no queríamos nada más. Parece que fue ayer cuando un ramo de rosas blancas, hace 31 años, me dio la bienvenida.... © 2008-2010 www.tecongofio.com Viernes 24 de octubre de 2008 Hambre Cada vez que enciendo la tele para ver algo que no sea uno de mis realities "basura", me sorprende algo. Sólo busco distraerme una vez a la semana y reírme, sola o con mi familia, pero mi prima estaba al otro lado de mi Pc, y me animó a que viéramos un programa en simultáneo. Últimamente, hacer esto con ella se ha convertido en una de las cosas más divertidas de mis días. Me quedo con eso, con el baile, con Bimba, con mi cámara y con las conversaciones y risas con mi familia y mis mejores amig@s. Ellos, y exprimir cada rato en su compañía, son mi obsesión. Tal vez soy egoísta, pero me alegré al ver en ese programa que hay más gente como yo, que cobra menos de lo que paga de casa y coche a final de mes. Hay más gente como yo que no recuerda la última vez que fue al cine o que se bebió una copa en un bar, tranquilamente. De un Spá ni hablo, y de un buen masaje o ropa nueva, tampoco. Eso es demasiado para personas en nuestra situación. ¿Chanel?, tú con deliplus tienes... ¿A qué sabía el jamón serrano? ¿Qué forma tenían mis piernas con un vaquero recién comprado? ¿Siguen fabricando jerseys sin bolitas? ¿Hay personas que se ponen perfume los días que no son domingo? Qué alivio, ¿por qué no encendí antes mi culona tele llena de polvo? Y yo, que me reía de mi abuela cuando me contaba que ella compraba un cuarto-kilo de azúcar o de mantequilla. Ahora, cuando alguien me pregunta que qué pido por mi cumple, respondo que dinero para hacer una compra, o directamente una ya hecha en mercadona. Y ahora, cuando alguien va al McDonald o a tomar un café, pido que me traigan para casa los sobritos de salsa de tomate o de azúcar que no utilizaron. Y ahora, cuando alguien me trae una lata de aceite, me acuesto varios días sonriendo sabiendo que con eso tengo para, por lo menos, seis meses... Pero lo peor de ser pobre no es comer poco y mal, o no tener ni una bolsa donde tirar la basura. Lo peor tampoco es no tener para gasolina para así poder salir por ahí con tu coche a llorar un rato pensando en lo desgraciada que eres. Lo peor es ver cómo muchos "amigos" no entienden que no te eches unas copas con ellos, que no te vengas de cena o que no te animes a recorrer la isla juntos o a ir a una fiesta privada. ¡Aburrida!, si para divertirse no hace falta dinero, mientras nosotros nos la cogemos, tú puedes beber agua, perfectamente. Lo peor es que, sabiendo mi situación, los únicos contados días que hice el sacrificio de salir a tomar algo barato, se les olvidó siempre la cartera y terminé yo pagando lo de los dos. Ellos son, sin duda, lo peor de ser pobre. Sin compasión, sin pena. Te hablan mucho menos que antes, y cuando lo hacen es sólo para decirte que, cuando estés mejor, los avises para hacer algo. Y se quedan tan panchos cuando, nada más llegar de Honolulú y en medio de una sesión de pelu y manicura, te confiesan que ellos están igual, pero que no se comen la cabeza como yo, pensándolo sin parar, y que optan por pasar de la crisis. Dicen que, si lo pienso, es peor. Pero, cómo no pensar, si tengo que racionar el papel cada vez que voy a limpiarme el culo. Cómo no pensar, si me voy a la cama con hambre y durante toda la madrugada son ya varios los bancos que tocan mi timbre sin parar, hasta que casi se hace de día y, por fin, derrotada, ya puedo dedicarme a dormir. Dormir, descansar, no llorar: esos grandes lujos. Gracias a mi madre, a mi padre y a mi madrastra, a mis hermanas, a mis prim@s y a mi familia y buen@s amig@s en general. Gracias a Vicky por las papas, por las calabazas, por todos esos kilos de comida, por regalarme aquella camiseta rosa en aquel momento, por las muestras de cremita y por seguir siendo mi amiga, a pesar de todo. Gracias a Gloria por sus tartas, sus mermeladas, sus berenjenas, todas sus verduras y por ayudarme comprando mis fotos. Gracias a Javi, por todo... Gracias a Omi y a Bárbara, por ser mis más antiguas y mejores amigas, con dinero o sin él. Gracias a l@s poquísim@s compañer@s de trabajo que me apoyan. Gracias a las dos grandes mujeres que ya no están, porque en estos malos momentos, siento a una a cada lado. Gracias, crisis y lágrimas, porque ustedes me han ayudado a tener claro quiénes componen el Top de mi corazón. © 2008-2010 www.tecongofio.com Viernes 17 de octubre de 2008 Bombones y Rosas Hace unos días, tras haber encontrado en un blog La Historia más Bonita de Amor Jamás Contada, se despertó y abrió los ojos el Yo romántico que llevaba dentro de mí media vida encerrado. Salió en forma de lágrima negra, pero con brillo y sonriendo. Al hacer yo el gesto de secármela, me alegré al comprobar que, en esta ocasión, por fin lo oscuro no era de decepción, sino solamente mi rímmel. La primera vez que la leí, me parecía verlos a los dos en cada escena que ella tan bien describía: él Dj, ella pelirroja, mirada que se cruza y, acto seguido, dos corazones que sin control laten muchísimo más rápido de lo acostumbrado. La segunda vez que la leí, subrayé en mi mente unas veinte frases favoritas para mi colección. Ahí las dejo en rojo y en negrita, para cuando se me olvide que el amor existe. Ya, la tercera vez que la repasé, tú y yo éramos los protagonistas. Casi no sé quién eres, apenas sólo sé tu primer nombre y cuándo naciste, pero ahí amaneces a mi lado cada mañana. No me pidas que te explique por qué, si ni yo misma sé y ni te conozco, pero eres tú el que aparece con vaquero y camisa azules, y me trata como a una princesa, como él a ella en esa historia. También me llenas de detalles y, sin trabes pasados ni futuros, me correspondes y haces público cada sentimiento, igual que la enamorada pareja. También tiemblo al sentirte cerca, como le pasaba a la chica con el chico, pero con la diferencia de que sólo te tengo en fotos. ¿Me pasará como a ella y me tendré que conformar con mirarte durante meses hasta que, por arte de magia, te des cuenta de que existo y qué siento? Nunca he querido tener hijos, pero ahora hay un par de nombres que me encantan, y no sé qué hacer con ellos... Y yo, antes de leer esto, creyendo que el amor era un tema que se había inventado el guionista de una película, y después muchos imitaron al ver el gran éxito obtenido. Y yo pensando que los bombones tenían un sabor amargo y era lo que el hombre regalaba a la mujer cuando pretendía que ésta le perdonara su última infidelidad. Y yo convencida de que una alianza era lo que las personas escondían en su bolsillo una hora antes de salir de fiesta sin su pareja. Y yo viviendo con la idea de que las rosas sólo te las regalaban después de haber recibido un buen empujón. Y yo todos estos años sin encontrar respuesta a por qué alguien llamó al coito, "hacer el amor". Ahora ya sé con seguridad que el Love is All Around y que los enamorados hasta las trancas regalan Mil Ramos de Rosas. Y también sé que todavía hay románticos que se declaran a su amada en la última planta de la Torre Eiffel o en el más famoso restaurante de Berlín. A lo grande o simplemente en medio de la calle, de rodillas en el asfalto, con una cámara de vídeo casera enfocando la reacción de ella en el momento de la pedida, por fuera de su futura casita en construcción. O, sencillamente, en una discoteca del sur, rodeados de amigos. Da igual dónde, cómo y si hay o no lujos y alianzas. Este amor es de verdad, lo he leído en un blog, me lo han contado. Por fin, el amor eterno y verdadero dura más de tres meses. Qué sensación. © 2008-2010 www.tecongofio.com Viernes 3 de octubre de 2008 Lluvia El ruido de la lluvia es el único que me relaja y hace sonreír, los demás multiplican por diez su intensidad en mi cabeza, y me vuelven como loca. De nuevo la desagradable sensación de notar cómo el sudor y el frío se mezclan de mi cuello hacia arriba. Cierro los ojos, y quiero que pasen los minutos... Para mucha gente la lluvia es señal de mal tiempo, no les gusta, huyen cuando la ven y la relacionan con estar triste. No sé si de verdad lo piensan o es que responden eso sólo porque es lo que todo el mundo dice. A mí me encanta que llueva, y si lo que experimento al escucharla caer y verla, es tristeza, entonces es melancolía lo que más me gusta sentir. Tal vez sea la sensación de que, mientras el agua cae y corre, todo tipo de suciedades se va con ella. Me subo en mi coche, y antes de ponerme el cinturón pienso que ya es hora de quitar el CD de Variaditos 2008. Me apetece cambiar la música y busco la más antigua, el CD que tiene hasta un trozo de algo pegado y está tan rayado que crees que no se va a oír. Con la uña quito más o menos el pegote, le echo un poco de vaho, y con un movimiento circular hago lo que puedo con mi camiseta. Los de hace tiempo son los mejores, los que te recuerdan a alguien, el que sonaba de Silvio mientras Ella cocinaba, el de tus primeras noches de carnavales, el que él siempre ponía de fondo cuando nos sentábamos a comer, el de aquel baile inolvidable en aquella discoteca con un grupo de buenos amigos, ahora ya casi desconocidos. Pasas la uno, la dos y la tres, apenas diez segundos cada una, y te paras en esa, en la canción que te hizo llorar en el 2000 y que ahora te provoca el mismo sentimiento. Hacía ocho años que no la escuchabas, pero sin saber por qué, te la sigues sabiendo de memoria. Es la más triste, pero es la mejor. Subes el volumen, y la pones tres veces. Arranco mi coche, y Gotascaen contra mis cristales. Las retiro como puedo y despierto a mi limpiaparabrisas, reseco y medio suelto de haber estado inerte todo el verano. La lluvia y noviembre se cansan de ser los principales personajes de casi cada cosa que escribo. En el mes de julio, mi corazón lagunero sueña con que llegue el invierno, y echa de menos mis tacones con calcetines multicolor. Vuelve a mis días tener que tender dentro de casa, las camisetas térmicas, mi chocolate con torrijas, mis botas peludas, mi pijama blanco de franela, mis leotardos debajo del vaquero, los paseos por la Calle Carrera bajo mi paraguas, mis inseparables bufandas y un perrito caliente con una horchata. Por fin, lluvia... © 2008-2010 www.tecongofio.com Domingo 21 de septiembre de 2008 Tonto Me gusta escribir desde que sé hacerlo. Aunque algunas redacciones del cole me las terminara mi hermana, de mis diarios salía fuego. En unos meses ese mismo fuego acabará con ellos, y nada más que quiero los recuerdos que recuerdo. Las teclas no me inspiran, sólo lo logran el papel y el lápiz. Lo bueno de que te guste escribir es que llena aunque no comas, y no lo hacen mejor los que más dinero tienen. Es complicado que se ponga de moda, pocos intentan imitarlo y es casi únicamente para los que gustan hacerlo de verdad. Por mucho que alguien tenga un papi que le compre los bolis más fashion de la historia de los bolis, no es un hobby exclusivo para los ricos de dinero. Pero muchos siguen sin llegar al corazón de nadie, y osan probar escribir sin tener nada que decir. No saben conjugar el verbo haber, pero dando un toque poético, cuela entre los analfabetos que le rodean. Todo queda en un feo intento, ya que aquí no existe el botón de automático. Pero es que en los tontos el contagio es inevitable, y se respira en algunos últimamente la desesperación por querer ser artista como sea, cueste lo que cueste, así sea haciendo el ridículo. A la fuerza no se consigue nada ni a nadie. Dedícate sólo a lo que te salga del corazón, no a lo que le salga del corazón a otros. Sé humilde, sé natural, sé sencillo, sé discreto. La chulería sólo hará gracia a tus amigos, al resto, le darás pena un día y te olvidarán al siguiente. No te eches demasiadas flores, no times y pide perdón hasta cuando no seas culpable. Algo, alguna vez, hiciste mal. No amenaces nunca, querer limitar la libertad de alguien tiene la pena máxima en mi corazón. Hoy toca comentar una noticia que, como no acabó en desgracia, le saco la gracia. Hace algo más de una semana se detuvo a un hombre de 48 años en Sevilla tras haberle practicado la prueba de alcoholemia y dar 1,97 mg/l en sangre, muy lejos de los 0,25 mg/l permitidos como máximo. Para ridiculizar el rizo, conducía con un brazo escayolado. A los días, no pudo retirar su vehículo porque volvió a dar positivo. Es tonto. Este tipo de hombres pertenece a un grupo reducido, pero son tan tontos, que me inspiran. Aún así, no importa lo que estudien ni cuánto estudien. Ya nacen con un plus de carisma que nosotras sólo conseguimos después de más de veinte años de trabajo, y a veces ni así. En mi clase de 2º de BUP hubo sólo cinco chicos. Por un estilo fue en los otros grupos, en los otros cursos y en los otros institutos. Las mujeres, en general, siguen llenando las aulas. Pero por una simple, básica y machista razón, ellos transmiten una seguridad y una profesionalidad que pocas veces se han ganado. Ellos se hacen respetar aunque beban hasta babearse y aunque meen entre dos coches. Supongo que el 2008 es pronto para pedir más. Sin duda me inspiran los tontos, los tontos que se autodefinen. Los que se pasan la humildad por donde mismo los gomeros se pasaban los higos picos cuando yo era pequeña. Los tontos que a la luz de la luna escriben poesía y canciones de amor, pero después sueñan con tetas y culos. Los tontos con dinero que entran a una tienda siendo idiotas, y salen con dos bolsas llenas y una etiqueta fluorescente de Soy Artista. Los tontos que piensan que el estilo se obtiene repitiéndolo cien veces al día y escribiéndolo cincuenta. Los tontos que llaman piradas a las que por fin les dan lo que se merecen y los dejan callados. Los tontos que ensayan cada paso que dan y calculan cada gesto que hacen, pero después llaman poco naturales a aquellas que se pintan o se ponen silicona. No seas tonto. Hoy les dejo una parte del monólogo de Antonia San Juan en "Todo sobre mi madre": "Me llaman La Agrado, porque toda mi vida sólo he pretendido hacerle la vida agradable a los demás. Además de agradable, soy muy auténtica. ¡Miren qué cuerpo!, todo hecho a medida. Rasgado de ojos, ochenta mil. Nariz, doscientas mil, tiradas a la basura porque un año después me la pusieron así de otro palizón. Ya sé que me da mucha personalidad, pero si llego a saberlo, ni me la toco. ¿Tetas?, dos, porque no soy ningún monstruo. Setenta mil cada una, pero éstas ya las tengo súper amortizadas. Labios, frente, pómulos, cadera y culo. El litro cuesta unas cien mil, así que echen la cuenta, porque yo ya la he perdido. Limadura de mandíbula, setenta mil. Depilación definitiva láser -porque la mujer también viene del mono, bueno, tanto o más que el hombre-, sesenta mil por sesión. Depende de lo barbuda que una sea, lo normal es de dos a cuatro sesiones. Pero si eres folclórica necesitas más, claro. Bueno, lo que les estaba diciendo es que cuesta mucho ser auténtica, señora. Y en estas cosas no hay que ser rácana... porque una es más auténtica cuanto más se parezca a lo que siempre ha soñado de sí misma". © 2008-2010 www.tecongofio.com Miércoles 17 de septiembre de 2008 Barbie Tatoo No sé si es una sección nueva de un periódico que suelo leer o es que las anteriores veces me lo había pasado por alto, pero el otro día descubrí un apartado tipo reportaje-publicidad que me gustó. Todos eran interesantísimos, pero así a lo rápido ahora recuerdo los dos que más me llamaron la atención. Uno trataba de los niños prematuros que han logrado salvarse hasta con apenas 450 gramitos de peso al nacer. Parece que el amor y el calor humano hacen milagros en ellos. ¿Y en quién no? El otro hablaba sobre la magia del láser. Por lo que decían, casi la mitad de las personas que se tatúan se arrepienten de ello antes de los 5-10 años, y la mayoría se trata de la inmortalización del nombre de una antigua pareja. Hay modernísimas técnicas con láser que ya los pueden eliminar por completo, sin cicatriz, y sólo dejando un color raro en la zona en los posteriores meses. Con el tiempo desaparece totalmente sin dejar ni rastro del "Te quiero Carmita". Así que puedes deshacerte de él o tomártelo como Patri que, sonriendo y orgullosa, me enseña lo que ella llama sus "heridas de guerra". Bárbara no sé qué hará al final con la suya. Aquí no puedo hacer ruido, así que estoy dando mini saltitos y me tapo la boca con dos dedos para no soltar una carcajada mientras recuerdo el día que su tatuaje dejó de tener sentido. En el momento nos reímos durante miles de segundos seguidos imaginando todo lo que podía hacer ahora con la absurda JB entrelazada de su espalda. Sigo creyendo que lo mejor es tomárselo con humor y tatuarse una botella del famoso Whisky al lado. Pero a ella le da igual eso y todo. Tiene el don de no preocuparse nada por lo irrelevante, y se ríe en la cara del peligro. Bárbara y su inusual melenón rubio y ondulado brillan con luz propia. Es original y única. A quienes la conocemos y la adoramos no nos queda otra que disfrutar de su olor, de su risa, de su belleza y de ella entera. Crea moda, aunque las que la han querido imitar dicen que no. No intentes ser como ella, el encanto viene de fábrica y nunca lo encontrarás en las rebajas. Empezamos siendo compañeras de curro, y nos llamaron durante un par de años Escopeta y Perdigón. Ahora somos amigas, y terminamos queriéndonos mucho. Alegra a los tristes y anima a los desanimados. Ríe en la salud y ha carcajeado en la enfermedad. Cuando la música la ve, suena para que ella la baile. ¡Vamos Puerto Rico! Bárbara, perpetua sonrisa. Ya tu nombre te define. © 2008-2010 www.tecongofio.com Jueves 11 de septiembre de 2008 "Mi Manuel de mi alma" Había varias camas, pero yo siempre quería dormir contigo, a pesar de tu advertencia de que, si seguía así, un día iba a amanecer arrugadita como tú. Piel muy blanca, suave y calentita. Un Padre Nuestro, y me deseabas que soñara con los angelitos. Te levantabas cuando todavía era casi de noche, cogías algo que te habías dejado en un vaso de agua, y te ibas a vestir. Oliendo a Nenuco abrías el estanco, te santiguabas y dabas las gracias por un nuevo amanecer. Yo calladita, te oía rezar muy bajito, o a veces sólo lo intuí por el movimiento de tus finos labios y el sutil sonido de tu saliva contra ellos. Sólo contigo me encantaba madrugar. Ahora, sin ti, lo odio. Una mini taza de agüita-pasote muy dulce, y ya nos dejabas empezar el día solos. Tus manos siempre estuvieron en su punto de sequedad, y en tu dedo siempre llevaste tu gran anillo de casada. Cuando lo pasabas por tu cara te hacía estornudar, y nunca supiste por qué. "Mi Manuel de mi alma", el dueño de tu corazón y el culpable de tus miradas perdidas y de todas tus lágrimas. Así, cada uno de tus días. Tenías rodillas y pechos de quinceañera, y andabas erguida y a paso ligero. Eras solitaria, fuerte e independiente, pero a la vez cariñosa, comprensiva y delicada. Me enseñaste a hacer potajes y natillas, y a ser discreta. Por ti, ahora Candelaria también es mi lugar favorito, y me moriré con la pena de no haber tenido tiempo de darte el último paseo que te prometí. Sí que lo tenía... Te empeñabas en cogerme con fuerza la cara para que te diera un beso bien dado en tu cachete, porque te molestaba que siempre lo hiciera con prisas, al aire. Ahora es mi madre la que lo intenta. Ya no hay punto de encuentro, y los caramelos de nata no tienen el sabor que tenían en tu casa, ni tu pan tostado, ni las "rapiñadas". Fui la niña de tus ojos hasta que le pasé el testigo a Estefanía. El mes que viene cumple 21 y es una mujer preciosa. La mires por donde la mires, se nota que la criaste tú. Oigo de fondo Tenderete y te recuerdo subiendo el volumen de la tele mientras decías "¡ahí están los míos!". Con un bailecito de derecha a izquierda te ibas sonriendo a la cocina a prepararnos el té, feliz porque estábamos allí. Pero cuando nos íbamos, nunca te quedabas sola "¿Yo sola? No, estoy con Dios...". Historias repetidas sobre la Calle 5, el General Dolla o las perras chicas. Mientras me las contabas por décima vez, no imaginé que un día daría todo por volver a escuchar más que sea una. El último beso que nos dimos fue volado. Nunca te he ido a ver a esa tu nueva casa gris, porque sé que no estás allí. Sé que estás aquí, a mi lado, leyendo conmigo. Éstas son mis flores... © 2008-2010 www.tecongofio.com Martes 9 de septiembre de 2008 Adicta Soy adicta al gofio, al frío y al potaje. Soy adicta a la Navidad, a las velas, al incienso y a la canela. Adicta a la gramática, a los míos, al perejil y a los besos de Bimba. También soy adicta a las frases. Es muy común verme en la calle, en el cine o en el teatro puliendo las teclas de mi móvil para que ni una inolvidable expresión se quede en el olvido, ese sucio y oscuro sótano donde guardo a tantos y tantas. Tengo una memoria privilegiada, no por mucha, sino por poca. Selecciono sin querer y, como por arte de magia, sólo se queda lo que sirve. Mi libreta azul eléctrico es testigo de más de 500 frases. También los son algunas hojas de varias agendas, trozos de papel mal cortados o sobres de azúcar arrugados. "Menos fumar y más leer", anoté de un tal José Luis R. Z. Pero leer de verdad. No cuenta la etiqueta del vodka, el messenger o los comments, que muy lejos de enseñar, desenseñan. Tanto, tantísimo, que hace semanas alguien me preguntó que por qué escribía tan raro, con palabras completas y tildes, que le ponía nervioso. El mundo al revés: "Detienen a una mujer de 20 años por agredir a dos agentes de policía que custodiaban a su pareja, quien, dos horas antes, la había golpeado". A veces preferiría no leer... Soy adicta a la soledad, a la fidelidad, a mi Nikon y a Jorge Batista, y no puedo parar de coleccionar sus palabras: "Lo admito, soy raro. Tan raro que nunca, nunca jamás he sabido qué es el aburrimiento. No sé lo que significa aburrirse. Y eso que a veces tuve que cubrir mitines de distintos partidos políticos. Tan raro, les aseguro, que cuando me pongo a escribir, los temas llegan solos a mi encuentro...". Jorge Batista © 2008-2010 www.tecongofio.com Viernes 5 de septiembre de 2008 Sí, quiero No entiendo por qué a la gente le asombra tanto que se me hayan quitado las ganas de casarme y tener hijos. Pero así es, sobre todo después de leer cosas como que "según datos del IPF (Instituto de Política Familiar), de cada cuatro matrimonios, se rompen tres". Así, sin anestesia, en frío y en directo. ¿De verdad soy yo la rara? Yo llamaría así a aquellos que, con unos antecedentes de seis "descansos" durante un noviazgo de ocho años, entre risas dan el paso de casarse porque "a estas alturas, o nos casamos, o lo dejamos". Y cuando comprueban que ni así funciona, "o tenemos un hijo, o nos divorciamos". Pero la rara soy yo... No soy fría ni anti-romanticismo, no estoy resentida ni he dejado de creer en el amor porque sí, pero es que datos como el del IPF me dan la razón con cifras. Tenemos que estar contentos porque por fin Canarias es la primera en algo a nivel nacional. Mientras 6.852 se casan, ¡23.364 rompen!: toma récord. No sé si la culpa la tiene Myspace, los microclimas, el Ron Arehucas, el cha-cha-cha o Virginia, pero algo no va bien. Y me da pena, porque una vez yo tuve instinto maternal y soñé con casarme y tener tres hijos para vestirlos iguales, para ayudarles a hacer la tarea, para ver sus caras al abrir un regalo de reyes, para enseñarles a montar en bici, para hacer de Ratoncito Pérez o para dormir los cinco acurrucados en la misma cama una noche de noviembre de mucho frío y miedo. Me imaginé con alguien en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la alegría y en la tristeza, todos los días de nuestra vida, hasta que la muerte nos separara. En las iglesias, juzgados o ayuntamientos debería existir un detector de almas gemelas, así se casarían sólo los profundamente enamorados... Y no las solteras con miedo a quedarse solteronas, las dependientes con miedo a quedarse independientes o los novios con miedo a sus suegros. Me voy al baño, que desde que leí que hay que mirarse al espejo varias veces al día, lo sigo haciendo. ¡Fin! © 2008-2010 www.tecongofio.com Miércoles 3 de septiembre de 2008 ¿Lo cojes o no lo coges? Odio agosto y tantas otras cosas... Apoyo a mi hermana mayor cada vez que grita bajito que ese mes debería desaparecer del calendario. Tiene razón, en eso y en casi todo lo que piensa, hace y dice. Es el aburrimiento que provoca este mes el culpable de que, en las horas de mayor temperatura, salgan a debate temas gramaticales como el de si "coge" va con G o con J. Y en medio de estas acaloradas discusiones sobre dudas que yo creía que nadie podía tener a partir de los 14, es cuando me viene a la memoria mi añorado colegio de monjas. Casi todas las que estudiamos en un centro donde el primer nombre de todas las seños empezaba por Sor, cargamos con la cruz de soportar el cansino comentario en cadena de "¿Ésas?, ¡son las peores!". Por mi quinta , estos colegios engendraron a dos tipos de mujeres: por un lado, las más menudas y menos agraciadas terminaron 8º de EGB escribiendo casi perfectamente el castellano y con un nivel de inglés como para hacer una selectividad; y por otro lado, las más pechugonas terminaron embarazadas y con un novio flaco subido a una vespino flaca. De chiquita lloré, pero ahí estaba mi padre para recordarme que lo importante era ser grande de corazón. Ahora me alegro de que me llamaran tabla de planchar, aeropuerto o nadadora. Esas mamás prematuras sólo tienen la suerte de no tener que aguantar al cansino de ésas son las peores, ahora con un "se te está pasando el arroz", lo que para mí, y para cualquier mujer solitaria de más de 27 años, es ya la canción del verano y del invierno. Pero, como siempre, lo meto en mi saco de casos perdidos y sonrío para que no adivine que, mientras él ladra, yo recuerdo que un tonto es el que dice tonterías, y me voy con mi delicioso arroz bien hecho para MI casa, cantando, en MI coche. Poco importa que él pique los 40 años, sea barrigón y calvo, y no tenga hijos. Tampoco importa que se eche peos o que se saque los mocos subiendo a 50 por la autopista. Un grupo de mujeres pelotas se encargó hace años de extender el estúpido rumor de que, todo lo que a nosotras nos afea, a ellos les hace más interesantes. Sus arrugas son bellas, sus canas dan personalidad, su barriga es la curva de la felicidad y sus gases ruidosos son divertidísimos. Y si estudiaron en un colegio de monjas, no son los peores. Y al final... ¿con G o con J? Como diría el del cerebro pasado de antes, "Da igual, ¡tú me entendiste!" © 2008-2010 www.tecongofio.com
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