CARA DE POEMA En esta sección iré publicando poco a poco mis experiencias y las de otros, a las que he bautizado con el nombre de "CARA DE POEMA". No quisiera que se me olvidaran, y me encantará compartirlas con ustedes. Es una especie de libro de reclamaciones, pero sin el cabreo del momento y con un toque de humor. Si tienes algo que contar, puedes mandarlo a correo@tecongofio.com. 14. GUACHINCHE 13:00 horas de un hermoso día de marzo y ya estábamos todos organizados para pasar juntos un tradicional domingo de guachinche en el norte de la isla. No teníamos ni idea de a cuál íbamos a ir, así que por el camino, sobre la marcha, y después de algunas llamadas a un buen contacto, el municipio elegido resultó ser La Victoria de Acentejo. Lo gracioso de ir a uno de estos pintorescos restaurantes canarios es que todos se llaman igual, “guachinche”, así que ir por las calles del norte, perdidos, preguntando dónde está el local, no es tarea fácil. Pero, no sé cómo, llegamos a la primera. En un momento estábamos ya todos sentados, cada uno con su culo acomodado sobre unos singulares bidones tipo “Colón” con un hueco encima, un detalle cortesía de la casa para los que sufren de almorranas o para quienes padecen de coccigodinia. Envidia sentimos de los de la mesa de al lado, a los que les tocó sentarse en unas sillas verdes de colegio. Pasada la primera cara de poema, el camarero nos recitó la carta y pedimos casi todo lo que tenían. Garbanzas, queso blanco, bistec y chuletones, acompañados por un par de platos de papas fritas y unos buenos chorretes de limón. Todo riquísimo. Por mayoría absoluta, el objetivo para el postre era trasladarse a otro local del norte, pero yo me empeñé en pedir allí mismo, antes de irnos, un corneto de fresa. Ya que todo era tan típico, qué mejor manera de rematar la reunión que con un clásico de kalise. Miré al camarero mientras rebuscaba en el congelador, y de lejos me pareció ver que el envoltorio del helado que agarraba no era el de siempre. Ya entre mis manos, y formando una circunferencia, le quité el desconocido papel al cucurucho, y con intriga me dispuse a leer la tapa. Pensé que tal vez kalise se habría renovado, o que a lo mejor se trataba de una nueva etiqueta de frigo, o miko... ¿o alguna marca alemana? Agüita con los victorieros, capaz que se estaban poniendo fisnos y todo. Por fin mis ojos leyeron sin dar crédito. No podía ser, esto tenía que ser un error... ¿hacendado? En medio de las risas de todos mis acompañantes y con chistes de todo tipo sobre la marca de mi postre, pedimos la cuenta. Tenía curiosidad por saber a cuánto me habían cobrado el corneto y a cómo estarían aquí los chuletones, o saber si en estos sitios cobran IGIC, o si íbamos a tener que pagar, como siempre, el pan que no habíamos pedido. Pero las caras de poema no habían terminado. El lugareño que hacía de camarero tiró un fleje de post-it enanos, de unos tres centímetros por dos, con un 54 escrito en medio. Nos quedamos todos mirando fijamente “la cuenta”, hasta que reaccionamos, dividimos y pagamos. A la salida del guachinche nos topamos en la puerta con un cartel fluorescente que nos invitaba a llevar a casa vino muy barato y, además, SIN PROBLEMAS, que quede claro...
13. I. B. SAN BENITO Después del gran momento micrófono y de empezar a odiar el número 130 como nunca antes había odiado otro número, pasé la mitad de la madrugada y todo el día siguiente intentando hacer memoria para recordar cuándo fue la última vez que se acumuló en mi cara y dos orejas la sangre que en situaciones normales se encuentra recorriendo mi cuerpo entero. Intenté hacer el ejercicio con Vicky, pero tenía que ir tantos años atrás, que me perdía. 23:00 horas del día después, y por fin caigo. Rondaba más o menos el año 1993 y yo cursaba 2º de BUP. Los que creen que soy tímida ahora, se equivocan. A mis 15 años y en ese curso, si se me ocurría cortarme las puntas del pelo, al día siguiente me sentaba en el gallinero de 2ºF para que nadie se diera cuenta de que mi trenza había pasado de medir un palmo y medio a medir un palmo y cuarto. Una vez llegué a COU, pensé que ya era suficiente, y tomé la decisión de revelarme sustituyendo mis camisetas de manga larga por las de manga corta. Era muy típico que una vez cada par de semanas no tuviéramos clase porque algún profe no venía y, claro, según un importantísimo artículo de una Constitución de cosecha propia, si tardaba más de 10 minutos en llegar, teníamos derecho a permanecer en silencio y a irnos sin que nadie tomara represalias contra nosotros. Cualquier pretexto para no ir a clase estaba bien. Huelga de profesores, día de la fuga, día del bocadillo, visita a Danone o aviso de bomba. Una visita al muelle era el momento para dar esquinazo e inventar una coartada, que estaba mala y que tenía cita con mi médico para quedarme en casa durmiendo hasta las tantas, viendo los fantásticos programas de la tele que nunca podía ver o dando un paseo con mi hermana un maravilloso miércoles libre en pleno mes de febrero. Qué divertido. Esos días sabían más que un sábado y un domingo completos, porque saber que todos libraban como yo, no era emocionante. Hora de coger una guagua y de subir pa' casa. Me senté en el lado más pegado a la ventana y dejé el otro asiento del pasillo para mi hermana. Así mareo menos, y ver el paisaje o los coches que nos adelantaban me relajaba. Un coche rojo con una pareja dentro que discute acaloradamente en pleno adelantamiento, un coche blanco con un copiloto que duerme con los pies descalzos y estirados sobre la guantera ignorando todo lo que le podría pasar hasta con un mínimo frenazo, un coche negro que conduce un negro (como siempre), y una guagua llena de gente saludando y señalándome. Mi clase en peso, profesor incluído, se agolpó en un lateral de la guagua para no perderse, entre carcajadas, mi cara de poema tras la ventana de socorro. Nunca una ventana pudo tener mejor nombre. No recuerdo qué pasó al día siguiente, así que supongo que la parte de mi cerebro que lleva el sentido del ridículo tuvo algo que ver.
12. UNA PASTELERÍA CUALQUIERA . (San Cristóbal de La Laguna) Me chiflan las tartas de esta pastelería. La de chocolate es mi debilidad, y tengo la mala costumbre de regalarla a los demás en sus cumpleaños o santos pasándome por alto el gusto de la anfitriona o anfitrión y pensando sólo en mi incontrolable ansia de chocolate con chocolate bañado en chocolate. Mis hermanas están intentando quitarme este feo vicio de comprar a mi gusto, así que ayer me propuse cambiar de una vez. Aunque el consejo de moda sea ¡no cambies nunca!, me tira pa'trás y para mí significa estáncate, no evoluciones y ni se te ocurra intentar ser mejor, ¡nunca! La tarde estaba buenísima, no porque hiciera calor y sol, sino porque llovía, como suele pasar un clásico día de noviembre en La Laguna. Mi hermana pequeña nos dejó en la misma puerta, y con sólo dos pasos largos ya estábamos mi otra hermana y yo dentro de la dulcería. Al hacer el típico gesto de peinarme el fleco con mis dedos, un par de gotitas de agua en él y en mi cara me hicieron recordar que está llegando la Navidad. La tarta me miraba y yo la miraba a ella, pero tenía que ser valiente. Hice un esfuerzo, desvié los ojos hacia el cartel de los precios y lo que vi provocó que me olvidara, casi sin darme cuenta, del chocolate. El tamaño pequeño, que es el único que he comprado siempre y al menos un par de veces al año, suele o solía estar a 7€ o a bastante menos de 1000 pesetas antes de 2001. La última vez que fui la compré a regañadientes porque la habían subido a 9€, pero claro, como todo sube ahora de 30% en 30%, me la llevé sin rechistar. Pero ayer, de una vez para otra, esta tarta flaca y enana ya estaba a 11€. ¿De 7€ a 9€ y a 11€? La señora dulcera llevaba dos minutos mirándome fijamente esperando a ver qué respondía yo a su "qué era", pero me costó reaccionar: -Esto, a ver... ¿¿la pequeña a 11€?? Hace nada estaba a 7€ y la última vez a 9€, ¿por qué ha subido tanto?-le pregunté yo esperando que me respondiera algo así como que todo ha subido muchísimo, que los precios se han disparado en general, que es una locura, que si el euribor, la gasolina, los uniformes de los niños, que adónde íbamos a ir a parar... ¡Pero no! -Eso no es verdad, siempre ha estado a ese precio, sólo estuvo a 7,50€ hace once años, cuando yo empecé a trabajar aquí, así que imagínate si hace tiempo de lo que tú dices... De resto, no ha subido, estás muy, muy confundida -me respondió molesta e insistente, dándome la sensación de que quisiera rematar la frase con un "idiota". ¿A 7,50€ hace once años? Sin duda la confundida era ella porque, para empezar, hace once años no existía el euro, así que seguramente se refería a que estaba a 750 pesetas, casi clavando el precio que yo sí que recordaba que podría estar costando por esos años, aproximadamente. -Bueno, tú llevas trabajando aquí once años, pero yo vengo desde pequeña y varias veces al año, y he comprado cientos de tartas de esas, siempre la misma, y si te digo que yo he pagado ésa a 7€, es porque es así, pero supongo que la que miente soy yo, claro. -No, yo no he dicho que tú mientas, pero sí que eres tú la que está equivocada, siempre ha estado así, te lo digo yo, sin duda te estás confundiendo tú -volvió a insistir la señora pastelera, pareciendo que quisiese que me fuera ya. Así lo hice. Ella ganó, se salió con la suya y me fui sin tarta y con mala leche. Así que nada, en esta pastelería de La Laguna quien siempre tiene la razón no es el cliente, sino la doña pastelera.
11. UN BAR CUALQUIERA DE SANTA CRUZ (c/ Méndez Núñez) La una del mediodía no era la mejor hora para hacer nuestro segundo desayuno, pero todavía quedaban unas dos horas más de "diligencias" y a mi hermana y a mí no nos quedaba otra que tomar un tentempié en el bar que estaba enfrente del CajaCanarias donde ya habíamos perdido un par de horas de nuestra liada mañana. -Hola -nos recibió con una tímida sonrisa la joven camarera. -Hola, qué tal, uhmmm, dos papaya-naranja y... ¿tienes donuts de chocolate?-pregunté. -No, pero lo que si tengo es kit-kat -respondió risueña y tan normal. Mi primera cara de poema fue ahí. Me giré hacia mi hermana con cara de "¿cómo?" para ver si ella podía explicarme con una mirada qué tendría que ver un donut de chocolate con un kit-kat. Le dije a la chica que no se preocupara, que los juguitos bastaban. Aguanté la risa como pude, hasta que escuché la voz de una segunda camarera que a lo lejos intentaba decirme algo: -Mira, ¡que también hay Maltesers! -No, no se preocupen, yo sólo quería un donut de chocolate... -les dije ya agachando un poco mi cabeza para poder soltar una pequeña carcajada. Y llegó el gran momento. La camarera número uno se trajo el chiringuito hacia el lado de la barra donde estábamos y se dispuso, tan feliz como al principio, a dedicar quince minutos a preparar nuestro desayuno, a medio metro de nosotras, cara a cara. Partió la papaya en unos diez pedacitos enanos, y paseó por su mano cada uno de ellos, estrujándolos bien mientras retiraba la piel y las pipas. Una vez quedaron todos bien sopeteados, los introdujo en la mate batidora. Parecía que era la primera vez en su vida que hacía un jugo de naranja. El exprimidor era casero y nada tenía que ver con los cuatro por cuatro que suele haber en las cafeterías, donde te preparan un jugo en unos pocos segundos, con cero contacto humano. Di gracias para mis adentros porque al menos era eléctrico y, en lo que pensaba yo si tomarme o no ese potingue, vi cómo la camarera sacaba las cañitas del típico bote con un pequeño agujero en el centro de donde se supone que tenemos que sacarlas los clientes, para evitar el toqueteo de otros. En su línea y sin preguntar, ella las sacó por nosotras, y con todos los dedos menos el meñique recorrió la cañita desde abajo hasta llegar a arriba, donde ella misma estiró el pequeño acordeón para después terminar de acariciarla en la misma boquilla donde nosotras beberíamos finalmente. Gracias a Dios, ese día la suerte estaba conmigo y para mi alivio, cuando me sirvió mi papaya-naranja, me di cuenta de que mi vaso estaba roto y terminó en el fregadero. A pesar de la insistencia de la camarera en volver a hacerme otro, me fui sin desayunar. Mi hermana corrió con menos suerte, su vaso estaba perfecto y con cara de poema se lo tuvo que beber.
10. BOLSA DE VIVIENDA JOVEN Y VACÍA (La Milagrosa, La Laguna) -Te he solicitado otro tipo de tarjeta. Ésta no te sirve porque ya has dejado de ser joven... Para esta trabajadora de CajaCanarias su fuerte seguro que nunca fue la delicadeza. Menos mal que con 26 años me importaba poco o nada el paso de los años. Y ahora, aún menos. Yo y mis seres queridísimos cumplimos cada año uno más, todos, así que no hay de qué preocuparse, nos arrugamos juntos. Siempre presumo de que me encanta mi edad y todas las que he tenido, y he acumulado experiencias como para escribir un diario gordo anual. Así que, para Cajacanarias no, pero para "Vivienda" todavía soy joven, y por cumplir de sobra con todos los requisitos necesarios para beneficiarme de dos ayudas, me puse en contacto con mi casera para que, con su firma y presencia, colaborara en la causa. Sólo en este tipo de situaciones me siento terriblemente feliz de cobrar poco. ¡Necesitaba ayuda! Un papel por un lado, otro por otro, al Ayuntamiento a por un certificado, a Cajacanarias a por otro, una firmita por aquí, otra por allá, ven el lunes a recoger esto, tienes que traerme lo otro... Era mediados de mayo cuando por fin me despedí del trabajador de la Bolsa de Vivienda Joven de La Laguna que me había tramitado todo: -Y ahora, ¿qué es lo siguiente? -pregunté ya en la puerta, de pie, los dos. -Pues lo único que te queda es esperar a que te la ingresen. Una de las dos tarda bastante, pero la otra te la tienen que dar antes de los 3 meses. Paciencia, que las cosas de palacio van despacio... De camino al parking iba sola sonriendo, contenta, pensando que no estaba mal, que serían tres eternos meses, pero que todo era cuestión de hacerse un plan. Total, me encantan las pastas y el arroz, no me preocupa que mi ropa sea del año 2003 y me vuelve loca el pelo extra largo con un toque de puntas quemadas. Como decía Don Enrique "¡Shin shacrifishio nada she conshigue!" Yo me adapto a todo, pero algunos de mis "amigos" no tanto, y muchos sufrieron el síndrome anti-donetes. Por eso siempre he creído que los menos ricos gozamos de un privilegio que no se paga con la Visa Oro, y es la garantía de saber que sólo nos rodea el cariño y desinterés puros. Entre risas y lágrimas, llegó la fecha tope: mediados de agosto. Extrañada, y después de enterarme de que hacía algunas semanas a otros en mi situación ya les habían dado la ayuda, los llamé a La Laguna para preguntar cuánto más se iba a demorar el ingreso y por qué. Por fin, llegó la cara de poema: -¿¿Té con Gofio con D.N.I. 55.555.555.D?? ¿Has solicitado ayuda?, ¿aquí?, ¿estás segura?, porque no apareces en ningún lado como que hayas solicitado nada de nada. ¿Cómo? ¡¡Noo!!, no me lo podía creer, ¡no podía ser! ¿Que yo nunca había solicitado nada? Después de colgar no me moví durante minutos ni para respirar, pero el corazón me seguía latiendo: lo sé porque lo sentí en mi sien izquierda. Esta vez, entre lágrimas y lágrimas me fui a mi trabajo. Desde allí recibí una llamada de la Bolsa: mi expediente se había arrimado hacía tres meses, y no me supieron explicar bien por qué. Disculpas por aquí y perdones por allá. Creo que fue al día siguiente cuando me acerqué con mi hermana-asesora para firmar no sé qué y para saber qué plan tenían conmigo. Ese no sé qué resultó ser un papel donde yo manifestaba que, con fecha de 14 de agosto ¡yo había presentado tal ayuda! Nada tenía sentido, qué locura. No firmé, obvio. Todo se presentó el 16 de mayo, y esa debía ser su fecha de entrada. Así que, visto lo visto, pedimos una copia de mi expediente, de folios ya amarillos, antes de que lo mandaran, ahora sí, adonde se debió enviar 3 meses atrás. -¿Que quieres una copia de tu expediente?, pues por aquí para abajo tienes una copistería, y creo que más arriba hay otra, así que puedes ir a sacar fotocopias a la que quieras. Después de media hora allí, a mi hermana y a mí ya se nos agotaban las expresiones de asombro . Nuestra caras eran más tipo dúo Martes y 13 que de poema. Sin duda, la arrogancia de esta empleada contrastaba sin descanso con el desastroso error cometido y con las sinceras disculpas de su compañero de ayer. Escuchándola durante todo ese rato, nadie adivinaría que mi expediente fue su posavasos durante justo tres meses. Mientras se quitaba todo tipo de culpas repitiéndonos que ellos eran una ONG, encontré la respuesta a por qué cada vez que yo llamaba, comunicaban: su teléfono estaba descolgado. Pero, una ONG que no ayuda, ¿es una ONG? Días después llamé para ver cómo iba todo y me respondieron que en agosto estaban de vacaciones, que llamara al mes siguiente para ver qué pasaba. ¡Desastre! De mayo a septiembre, y nada... Segundo capítulo, en los próximos meses.
9. OPORTUNIDAD, ¡CASA TERRERA! (La Victoria de Acentejo) ¿Alquilar o comprar? Hay gente que dice que alquilar es tirar 450€ cada mes a la basura, y que esa casa nunca será de tu propiedad. Hay gente que no se casa por miedo al compromiso y a las cosas para toda la vida, pero se hacen tatuajes y no les tiembla el pulso cuando firman con sus parejas una hipoteca de 900€ al mes durante 50 años. Así es la vida, una contradicción seguida de otra. A mí no me terminan de convencer los tatuajes, así que decidí comprarme algo yo sola. No tenía una zona escogida, pero sí tenía clarísimo que era, como digo yo, de La Laguna pa'rriba. Ir por ahí con el coche mirando cartelitos fluorescentes, conduciendo y apuntando al mismo tiempo, era una lata, así que entré en internet y me decidí por el sitio que me recomendó mi hermana: www.segundamano.es. Dejando de lado la experiencia que tuve, ellos no son los culpables del caso ya que, incluso, te advierten de los posibles timadores que alguna vez se cuelan en su página. Así que sigue siendo mi web favorita en temas de compra-venta-alquiler, sin duda, y la recomiendo a todo el mundo. Por fin, la pequeña casita de mis sueños. En el norte, con mucho frío, el Teide ahí mismo, viejita, chiquita, en la misma carretera general... El anuncio era éste, copiado tal cual: Precio: 72600€ --- Nº de dormitorios: 2 --- Superficie: 60 m2 ¡OPORTUNIDAD! CASA TERRERA EN EL MUNICIPIO DE LA VICTORIA, UBICADA EN LA MISMA CARRETERA GENERAL. CASA DE UNA SOLA PLANTA, TIENE DOS DORMITORIOS, COCINA AMUEBLADA,CUARTO DE BAÑO Y AZOTEA. TOTALMENTE REFORMADA. PARA ENTRAR A VIVIR.
Tengo la costumbre de enamorarme de las cosas, así que no tardé nada en quedar con el dueño para verla. Era un hombre joven, un poco guapo, vestido impecable de arriba a abajo, educadísimo, con aspecto de ricachón, oliendo a perfume muy caro, correcto. Serio pero, a la vez, simpático. Dispuesto a negociar, a bajar el precio y a hacerme unos arreglitos en la casa para yo ahorrarme más dinero todavía. Dispuesto también a hacerme la hipoteca a través de una amiga suya, con unas condiciones inmejorables y en un tiempo récord. La suerte, por fin, estaba de mi lado. No me lo pensé, y nos pusimos manos a la obra. Yo no entiendo nada de hipotecas, de porcentajes, ni de intereses, así que mi señora madre se encargaba de casi todo mientras yo, en mi ruidoso pisito de alquiler o en el curro, anotaba un presupuesto aproximado de lo que me saldría poner parqué al menos a la sala y a las habitaciones, arreglar la azotea y poner una barbacoa pa las reuniones, unos muebles modernitos pa la cocina, un baño nuevo (imprescindible) y poco más. También pensé en quitar la puerta grande y hacerla ventana... no sé, y hablar con algún vecino pa ver si alguien me alquilaba un garaje... ¡Mil cosas! ¿Y un perrito tal vez?, ¿o mejor dos, pa que se hagan compañía? Pero mi madre no es como yo, y huele el timo, así que, sólo por si acaso, se dio una vueltita por el Ayuntamiento de La Victoria. Cara de poema al recibir yo su llamada: -Acabo de llegar y he hablado con la Concejala de Urbanismo y con el Aparejador. Al parecer la casa está afectada por obra urbanística y va a desaparecer. No tiene valor ninguno, ni como terreno. Y el propietario, por supuesto, está enterado de todo. Tirarán abajo 12 metros de fondo (cuando esta casa tiene sólo 6). Le comunicamos al guapo-rico-tramposo que nos habíamos enterado de su timo y que estábamos de camino a la Guardia Civil de La Victoria para poner la oportuna denuncia. Pero él vivía más cerca, y cuando llegamos nos había puesto una denuncia a nosotras por "amenazarlo con ir a denunciarlo". Nunca lo llegué a entender del todo, supongo que este tipo pensaba como yo antes de conocer a Fanny, que el primero que llega a la comisaría, gana. Busqué en internet sobre él, y me di cuenta de que no era tan limpio por dentro como por fuera. Mi caso no era el único. A la espera estoy de saber si puedo publicar o no su nombre y apellidos, sólo con la intención de que nadie caiga en sus trampas.
8.VODAFONE: Grupo Q Tal! De mi experiencia con Vodafone puedo contar dos caras de poema. parte I La primera fue hace años, así que tengo olvidados algunos detalles como las fechas exactas. Mi mejor amiga y mis mejores familiares formábamos y formamos el Grupo Qtal!: 0,06cent. el minuto en las llamadas y 0,06 cent. el mensaje entre nosotros, a cualquier hora del día. Las tarifas son muy buenas, y el 98% de las llamadas que hago son a ellos, así que, el ahorro desde que pertenezco a ese grupo, es notable. Pero siempre hay trampa en todo lo que parece muy bueno y, al final, termina siendo nopitroqui. Pasa con las compañías de móviles, con ONO y, cada vez más, con las personas. De repente un día, por ser todos tan buenos clientes y tan guapos, recibimos cada uno un sms de Don Vodafone que decía algo así como: "Desde hoy, y hasta el día 15, usted y todos los de su grupo Qtal! podrán disfrutar de 100 sms gratis entre todos sus componentes". Sigo sin explicarme por qué nos los creimos, sobre todo yo. Siempre he tenido la costumbre de creer hasta a los que se les ve venir con un cartel de "vengo a timarte". Durante esos días mandé los 100 sms más estúpidos e inútiles de mi vida, con chistes, con insultitos, con un "jaja". Cuando se acercaba el fin de la súper promoción fantástica, y una vez gastados la mayoría de los mensajes, cara de poema al recibir lo siguiente: "por un error (de no sé qué), la promoción de 100 sms gratis entre los componentes del grupo Qtal! empieza hoy y hasta el día 30". Como suelo decir con mi inglés de garrafón de barriada: without words! Y recuerda, cuando algo te parezca demasiado bonito para ser verdad, no es verdad.
parte II Pero, como dicen los más profundos de cada edición de Gran Hermano, "yo perdono, pero no olvido", así que, molesta y con rencor, continué con la compañía. Lo último fue hace apenas un mes y algo. Cara de poema número uno cuando, una soleada mañana del día 22 de junio, recibo el siguiente sms del número 4000: "Tu solicitud de baja de Qtal! se ha realizado con éxito. Puedes volver a darte de alta llamando al 4040 (3€ por alta, 3,48€ IVA incluido)". -¿De baja?, ¿yo?, ¿cuándo? Llamé al 123 para informarles del gran error, pensando que en 30 segundos estaría más que solucionado e igual hasta me regalarían unas muestritas de algo por las molestias. Bueno, eso en Douglas y Gala, pero da igual. Pero siempre logran sorprenderme y, no sólo no se solucionó, sino que tuve que dedicar 29 minutos y 23 segundos de mi día libre a jurar a la teleoperadora una y otra vez que yo no me había dado de baja: -Pues entonces alguien le habrá cogido su móvil y lo ha hecho por usted... -Claro, claro -pensé-, alguien entró anoche por mi ventana y, en lugar de robarme, cogió mi móvil y me dio de baja en el grupo Qtal!. ¡Qué golfo! Una vez me llegó la factura, se comprobó que desde mi móvil nadie había dado de baja a nada, me explicaron que todo había sido un "error informático" y que ahora ya puedo reclamar los dichosos 3€ que me me cobraron, que hasta dolor de cabeza me dieron. Ya veo si lo hago. Y en mi caso, sí es por los 3€.
7. ONO (Reino de España) Siempre me había ido muy bien con Telefónica pero, en mi obsesión por recortar facturas, decidí pasarme a ONO y así me ahorraría unos 8€ al mes. Con eso, multiplicado por dos meses, me alcanzaría para pagar el agua. Así es la vida de la mujer soltera, blanca, independiente... y feliz. Pero qué gente más amable y simpática, qué agradable la música de espera, con qué rapidez y eficacia me dieron de alta, ¿por qué no lo hice antes? ¡Se lo voy a decir a todos mis amigos, pa que se pasen también! Y encima, sólo cuatro días después tocaban a mi puerta para realizar el perfecto trabajo contratado. Sentada en mi súper escritorio, ya navegaba y hablaba por teléfono con una sonrisa. Dos días después, sólo hablaba por teléfono y, para navegar, tenía que ir a un ciber, así que, para empezar, los 8€ de ahorro, dejaron de serlo. Y la bonita música de espera pasó a ser la odiosa música de espera. Ya nadie era amable ni simpático. En una semana, casi veinte llamadas. Me pasaban con un operador, con otro, la horrorosa música, otro operador, más música... y así horas, cada día. Finalmente, me dieron la solución: internet no me iba porque mi pc tenía problemas con el antivirus, porque necesitaba un formateo y, probablemente, también una nueva fuente de alimentación. Una vez mi ordenador estuvo recién formateado, con su nuevo antivirus y fuente de alimentación, todo seguía igual. ¿Ahora cuál era el problema? Tan sólo tres semanas después de contratar ONO, recibo mi primera factura, equivalente al tiempo que llevaba. Si el mes eran 46€, calculé por encima que ésta sería en torno a los 34-35€. ¡Qué ingenua!, cara de poema al ver la factura: ¡83€!... ¿por tres semanas? Explicación: -Es que ONO, para prevenir, cobra el mes consumido más el siguiente, por si acaso. Una cara de poema tras otra. Claro está, solicité darme de baja, objetivo que no fue posible hasta la décima llamada y varios días después. Cuatro meses más tarde, me seguían llegando facturas que ahí deberán estar acumuladas y sumando, en la lista de averigua qué.
6. Sendero nº4: Siete Cañadas (Las Cañadas del Teide) Después de poco discutir, el plan ganador para el domingo había sido el pateo. Cualquier cosa era mejor que pasar ocho horas rodeada de adictos al sol y a los ojos muy blancos tirando a súper blancos. No recordaba la última vez que había puesto el despertador un domingo a las siete de la mañana, sin ser para ir a trabajar. Pero el plan era muy bueno, aunque no más que la compañía. Y es que soy mucho más feliz desde que, hace años, decidí compartir mi tiempo sólo con quienes yo elijo. La cara de poema fueron tres caras de poema en simultáneo cuando las dos suelas de mis añejos Adidas Torsion optaron por retirarse a apenas una hora de camino recorrido: -¡Soga!, ¿alguien tiene soga? -exclamó Gloria. -¡Pegamento!, ¿alguien tiene pegamento? -exclamé... ¿o pensé? Ni recuerdo. Sin soga, ni pegamento, ni tenis de repuesto, la única opción fue seguir sin ellas los restantes doce o trece kilómetros. Menos mal que el sandwich de atún, tomate y varias lechugas que Gloria nos había preparado con cariño, logró amortiguar la pesadilla de sentir hasta las minúsculas piedras del camino. Pero también ayudaron las conversaciones, las risas, la sandía fresquita y el "según dicen por ahí" de Noe. NOTA: adjunto foto del momento en que mis tenis pasaron de ser dos, a ser cuatro...
5. Hospital Tamaragua (Puerto de la Cruz) Colaboración: Sergio Lucas Después de pensar un rato y, a pesar de que la experiencia no la he sufrido (afortunadamente) en carne propia, tengo una historia que poder añadir a esta nueva sección. El novio de mi prima, llamémosle X, trabaja, como muchos otros (con la desaceleración acelerada, no tan “muchos”), en la constru y en uno de esos gajes del oficio, un clavo atravesó la planta de su pie. Un accidente normal en este tipo de trabajos. Lo anormal empieza ahora. Pues X asiste al Hospital Tamaragua, sito en Puerto de la Cruz, en busca de la ayuda que en un lugar como ese, un hospital, deberían ofrecerle. Un lugar lleno de personal que ha estudiado durante siete largos años una larga carrera para la que se exige una nota de corte inalcanzable para el 90% de los mortales, una memoria infalible y un siete para aprobar (como en Político II). El resultado de esa búsqueda de auxilio se vio truncada por la confluencia de algún factor que desconozco: ¿falta de profesionalidad?, ¿sordera?... No sé, el caso es que X comenta al entrar: - Soy alérgico a la penicilina, a la aspirina y todos sus derivados. X tiene, incluso, una chapita metálica, tipo cuartel (no sé como se llama, pero sí se describir, creo…) donde pone esa frasecita, que tantas veces ha repetido y tantas veces se ha vulnerado. Efectivamente, momentos después, X acaba ingresado en planta debido a que se le suministra algún tipo de medicamento que, por casualidad y sólo por casualidad (nunca negligencia), contenía uno de esos “ingredientes” a los que el paciente manifiesta su alergia. Claro, me pregunto yo, si existe en la carrera de Medicina una asignatura que se llama “Casualidades de la Medicina”. Supongo que la mayoría habrán sacado un Sobresaliente, debe ser la “maría” de la carrera. Yo añadiría a ese largo plan de estudios una asignatura más, desde el conocimiento que me ha sido conferido en Derecho Penal I. La llamaría “Consecuencias derivadas de la inobservancia de la Lex Artis de Medicina”, a ver si nos ponemos las pilas y pensamos un poco que jugamos con la vida de las personas. Este tipo de casualidades pueden costarle la vida a una persona como X. Así que, a repetir mil veces las cosas y una más, para estar seguros nosotros y ellos.
4. Una famosa crepería ( S/C de Tenerife) Si son amantes de la comida rica, de calidad, abundante, con los mejores ingredientes, hecha con detalle, con mimo, en un agradable escenario y, además, económica, no duden en ir a mi "Té, chocolates y otras cosas", en El Sauzal. Sí, mí, porque es como mío... Recomendación: crep de dulce de leche con una o dos bolitas de helado de vainilla, espectacular... Pero, si lo que buscan es justo lo contrario, no tienen más que ir a una famosa crepería de Santa Cruz: la racanería convertida en crepería. Hasta tal punto, que el crep con leche condensada, a veces, ¡no la lleva! Y yo, después de recordarles el esencial ingrediente olvidado, y una vez añadido un mísero chorrito, mi cara fue un poema al ver la cuenta: "Crep Teide=x,xx€ + 0,90€ leche condensada". Y su especialidad: creps flacos. Y no me pasó una vez, ni dos, ni tres, ni sólo a mí. La mayoría comenta que al salir de allí se van directos al Mc. Donalds. Supongo que es lo que tiene tener un local en un sitio fisno, que el 90% de la cuenta se va para el alquiler y, con el 10% restante, compran los ingredientes. Comida mala y helados Kalise a precio de solomillo.
3. Cine Víctor (S/C de Tenerife) Me encanta el cine Víctor, siempre fue mi preferido. Y creo que lo sigue siendo, si no fuera por la sospechosa calidad de la imagen, el sonido y, lo más importante, ¡no hay cotufas! Pero da igual, ni esos detalles le quitan el indudable encanto. Encanto que ya no tienen los multicines modernos, a los que vamos a hartarnos de cotufas, de nachos, de gominolas y, de paso, a ver una peli. Qué maravilla. Qué bonitas las luces que rodean la pantalla. Qué espectacular el techo. Peli en versión original, entrada a 4€, por fin sin aire acondicionado y la sala casi vacía. La tarde era perfecta. Mi hermana y yo, un hombre un poco más adelante, una pareja diez filas más atrás, unas botellas de agua fresquita con sabor a melocotón y el taconeo de alguien, una mujer que buscaba dónde sentarse entre los cuatrocientos asientos libres. Al ver asombrada que la doña se disponía a ponerse a mi lado, esta vez la cara de poema que se me puso me duró algo más de los diez ya clásicos segundos, acompañada mi expresión de una rigidez de cuello y mirada al infinito. Así que ahí estábamos, codo con codo, mujer contra mujer. Después de yo lanzar al aire un "¿qué significa este momento?" y, como siempre, dándome más vergüenza a mí que a ella, me cambié de asiento. NOTA: para colmo, durante el transcurso de la peli, tuvimos que aguantar las miradas furiosas de la doña cada vez que nos disponíamos a coger un cuadrito de chocolate o a beber un buche de agua. ¡Lo que faltaba!
2. Una tienda outlet (San Eugenio, Adeje) En esta ocasión la cara se me transformó en una, erróneamente llamada, "tienda de fallos" . Para acabar de una vez con esta leyenda urbana, explicar que, simplemente, es una tienda en la que venden la ropa de temporadas pasadas, sin más. Pero a pesar de lo que me pasó, me encanta, no sólo porque la ropa sea buena-bonita-barrata, sino porque siempre esta visita significa a su vez día de descanso, relax, comida rica y la mejor compañía: mi madre, mis hermanas y, ahora, Gloria. Después de mucho mirar, la encontré. Era ella. La típica camiseta hecha para mí. No hacía falta probármela, tenía mi nombre. Así que, después de ver que, además, su precio era de 5,97€, me fui feliz a la caja. Lo mejor sería ponerla a salvo, pagándola cuanto antes: -Son 9,95€ -me dice la inexpresiva cajera, mirando a todo menos a mí. -Uhm..., perdona, la etiqueta dice 5,97€, así que eso es lo que cuesta y eso es lo que voy a pagar... -Pues no, son 9,95€, así que tienes dos opciones: o te la llevas a su precio, o no te la llevas, lo que tú me digas. Del shock, no recuerdo el aspecto que tenía miss simpatía pero, mientras pasaban los diez segundos de mi cara de poema, en mi mente la muchacha llevaba unas argollas gigantes y mascaba un súper chicle Boomer kilométrico con la boca abierta. Después de mucho discutir lo mismo, su solución fue que yo regresara por la tarde a hablar con la encargada. Absurdo, ya que yo vivo en La Laguna y, obviamente, no iba a volver. Pedí la hoja de reclamaciones y, cuando me quedaban unos segundos para terminar de rellenarla, escucho su voz amable-burlona: -¿Te falta mucho? ¡Ya era el colmo! La entregué pero, cuando llegué a casa, me di cuenta de que la cajera se había quedado con el original que me pertenecía, por lo que no pude tramitar la reclamación. Así que, para l@s ignorantes como yo: recordad que debemos quedarnos con el original (hoja en blanco que se llevará a las autoridades competentes) y conservar la copia en verde en nuestro poder, entregando la rosa al responsable del establecimiento.
1. Una Pizzería-Restaurante (S/C de Tenerife) Nunca he sido muy amiga de ir a comer a sitios nuevos, pero yo no pagaba, así que ni me planteé quejarme. Por la misma razón, tampoco discutí la elección del delicioso menú: pizza y aguacates rellenos. Teniendo en cuenta que yo no como pizza, estaba claro para quién sería la mitad más grande del aguacate. Media hora después de sentarnos, y cuando TODOS los camareros terminaron de atender a los de la mesa Tous de al lado, por fin, nos tomaron nota. Respiré hondo, disimulé como sólo yo sé hacerlo, e hice como si estuviera sinceramente feliz de verlo: -¡Hola! -puse dientes. -¿Qué les pongo de beber? -preguntó el serio e impecable camarero. -Sí, uhm... ¿tienen el Nestea de piña y mango? -Bueno, el que tenemos es el de mango y piña -siguió serio e impecable, y se quedó tan pancho. -Vale, pues ése... -respondí. Me quedé sin palabras, y en ese momento decidí crear esta nueva sección en mi web. Y llegó el primer plato y, con él, el nombre: CARA DE POEMA. El mundo entero tenía que saber lo que estaba sucediendo en este callejón. Durante los diez segundos que miré fijamente los aguacates, pasó toda mi infancia por delante de mis ojos: espinete, los cromos, el brilé, mi ojo derecho con parche, los osos amorosos... No podía creer que mi almuerzo midiera un centímetro menos que mi dedo índice, y que el tal "relleno" estaba formado por un par de gambas. Y con un par me refiero a una más una. Por supuesto, pedí amablemente que nos trajeran los de verdad... Tardaron segundos en volver con "los otros". Esta vez eran ya del tamaño de mi dedo índice y las dos gambas seguían siendo dos, pero había una pequeña variación: ahora la salsa rosa no estaba encima de los aguacates, sino debajo. Como pudimos, les pusimos un poco de orden, y terminamos con los diez dedos de las manos... rosados. Cuando ya me faltaban sólo tres por chuparme, tuve esa sensación de "alguien me mira". Levanté la cabeza y, efectivamente, el oriental cocinero (cabreado como un chino) se dio un paseo de la cocina a la entrada, lanzándonos su potente láser destructor con los ojos, a cámara lenta. Sentí miedo, y casi me hago popó encima... Le saqué una foto a los protagonistas, pagamos (pagó), nos fuimos y le contamos la experiencia a toda nuestra familia, amigos, conocidos, desconocidos, compañeros de trabajo y de clase. ¡Ahí queda! NOTA: Adjunto foto del pequeñín, con caviar y todo, pa que no se quejen de la clavada de 8,50€ (foto tomada con mi móvil en el gran momento).
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