UNA PEQUEÑA BIO
 

 

 

 

Nací una noche de noviembre de 1977, en Santa Cruz de Tenerife, pero siempre he vivido en La Laguna, ciudad fría y adelantada que adoro. Me llamaron como mi madre, con la misma falta de ortografía en el nombre, y de ella heredé este amor a la fotografía (además de la migraña). Pero todavía sigo sin saber de quién saqué el lunar verde de mi frente…

Siempre me costó mucho estudiar, pero me encantaba leer. Y me encanta. En 5º de EGB supliqué  a mis padres que me apuntaran en “Radio Ecca” para aprender desde casa sin tener que ir al cole. Menos mal que ni caso me hicieron. Todavía hoy les sigo dando las gracias.

Fui a un colegio de monjas en el que, entre otras cosas, aprendí a poner las tildes al mismo tiempo que escribía (todo un lujo en los tiempos que corren). Después a un instituto público, donde repetí un par de veces y me hice fan de algunos profesores como Daniel Duque, de Literatura y Periodismo, o Juani, de Griego. Y por último a la Universidad, que aunque dejé a medias la carrera de psicología, valió la pena sólo por conocer a "Carlos amigo", la persona que más me ha hecho "llorar de tanto reír".

Mi abuela Ana fue la causante de este té con gofio. Ella me lo preparaba de desayuno o merienda cada día. No sé por qué, pero siempre pensé que todo el mundo lo bebía como yo, por norma, hasta que hace poco me di cuenta de que soy la única y que todos toman café con leche o algo así, creo. Para ella yo era Catalina, “no sé si te lo habré contado…”.

A los 16 años me llamó la atención la súper Pentax de mi madre y empecé a jugar con ella. Mi entretenimiento favorito era poner y quitar el flash, los objetivos y un nuevo rollo de fotos. Todo un ritual. Por ese entonces la cámara era casi más grande que mi cabeza, y eso que mi cabeza no era precisamente pequeña. Esa cámara me volvía loca...

Antes no era como ahora. Para saber si una foto había quedado bien tenía que esperar al menos dos meses para ver el resultado. Podía pasar más de una hora intentando adivinar qué velocidad poner, si entraría suficiente luz o si el enfoque era perfecto para, por fin, poder disparar. Y todos los pasos los apuntaba en mi vieja libreta, con detalle. Los libros, esa libreta y los años, me han enseñado lo (poco) que sé. Las taquicardias que me daban el gran día que iba a recoger el trabajo revelado son imposibles de describir. 24 fotos disparadas con amor y pasión. Lo de antes era fotografía de verdad. Ahora, con la revolución de la photoshografía, profesionales de verdad y aficionadillos timadores se mezclan y confunden, como la noche.

No hago "sesiones de fotos" ni he cobrado nunca. Sólo saco fotos porque me apasiona. Sólo es pasión. La mayoría no sabrá de lo que hablo, pero los que me quieren y los que disfrutan de la fotografía sin más, sí. Me encanta inmortalizar momentos, bichitos, animalitos, cosas que me encuentro en la calle, en la basura, algún paisaje, flores, plantas, comidas, caras, cuerpos, curiosidades. También, por qué no, algo erótico, pero sin enseñar pezones ni entrepiernas. Soy anti Pajares y Esteso, y la línea entre lo erótico y lo vulgar es demasiado fina. Adoro retratar a las personas que quiero, porque sólo ellas son naturales ante mi objetivo. Nunca elimino de las fotos lunares, manchas, pecas, arrugas... nada absolutamente porque, lo que para otros son fallos, para mí son encantos.

Valoro todos los días mi buena salud y la de los que quiero, tener un trabajo que me gusta y que me permite ser independiente (todo lo que hoy se puede ser independiente), y que me sobre el amor de mi familia, mis amigas y mis amigos, el único amor verdadero. Y es que, no podemos permitirnos el lujo de ponernos tristes. Cuánto echo de menos mi peto azul marino…

Abrazos para todos y uno muy grande para mi último fichaje, Bimba... ¡Te adoro, larguita!

Ojalá disfruten viendo mis fotos la décima parte de lo que gozo yo haciéndolas.  Gracias :)

 

Agradecimiento especial para mi ciberamigo, friend, profesor y ahora gran amigo Javi, porque sólo gracias a él, esta página existe. Prueba clara de que en internet también se encuentran buenas personas, sólo hay que saber clasificar y quedarse con lo mejor. Mil gracias, ratón, por los limones, por el puchero y por todo lo demás.